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Extraña enfermedad convierte a un indonesio en ‘hombre-árbol'
De su cuerpo brotan verrugas que parecen la corteza de un árbol. Aunque un médico dermatólogo de los Estados Unidos asegura que tiene la cura, el gobierno de Indonesia negó la salida del país del paciente.
El Gobierno de Indonesia prohibió que el ‘hombre árbol', un campesino apodado de esta manera por las gigantescas verrugas que brotan de su cuerpo y que lo cubren como una corteza, sea trasladado a EEUU por médicos de ese país para recibir tratamiento contra la insólita enfermedad.
La pesadilla para este hombre comenzó hace 20 años. Según un reciente informe publicado por la agencia de prensa AFP, la enfermedad se hizo visible después que le practicaran en Indonesia una operación de rodilla. A partir de este momento le aparecieron las misteriosas secreciones que hoy cubren gran parte de su cuerpo, sobre todo sus extremidades inferiores y superiores.
La vida de Dede (nombre de pila), un pescador que hoy tiene 32 años de edad, cambió completamente debido a la extraña enfermedad. Su mujer lo abandonó y él se vio obligado a trabajar en un circo, donde la gente paga por ver su extraña apariencia que lo semeja a un “hombre árbol”.
Dede tiene las extremidades y la cara recubiertas de unas “excrecencias grises”. Sus manos han desaparecido por completo bajo algo semejante a un macizo de coral de unos 30 centímetros de diámetro.
El canal de televisión Discovery Channel acaba de hacer un documental sobre él y esto motivó a unos médicos estadounidenses a ofrecer un tratamiento que le podría devolver su salud y una vida normal, pero se encontraron con la negativa del gobierno indonesio, que por razones religiosas y políticas, negó el traslado de Dede a tierras norteamericanas.
El galeno norteamericano asegura, no sólo haber identificado la enfermedad sino poseer la cura. Lo lamentable es que el mismo médico asegura que habría que trasladarlo a Estados Unidos y parece que ninguno de los dos gobiernos tienen la intención de hacerlo.
Lily Sriwahyuni Sulistiyowati, portavoz del Ministerio de Sanidad de Indonesia, dijo en una reciente entrevista publicada por el periódico Warta Kota que los campesinos como Dede no desean que les lleven lejos, y menos si es para que un extranjero les analice la sangre. Sin embargo, otras fuentes periodísticas aseguran que el paciente, ante el largo sufrimiento que ha padecido, sí estaría dispuesto a trasladarse.
El dermatólogo norteamericano Anthony Gaspari, de la Universidad de Maryland, ya examinó a Dede y concluyó que el descomunal brote verrugoso es consecuencia de la combinación de un “papilomavirus humano (HPV) y de una anomalía genética que impide al cuerpo combatir la infección”.
Gaspari le dijo a la agencia de prensa AFP que él mantiene su intención de tratar a Dede. «Mi plan inicial es enviar medicamentos a un médico de Indonesia para que se los haga tomar. Si eso fracasa, no tendría otra opción que traerlo a EEUU», indicó.
Científicos de Europa indicaron que se conoció un caso similar hace unos 25 años en África, pero que no hay suficientes datos para concluir que se trate de la misma patología.
Por ahora el hombre sigue sus presentaciones en una modesta carpa de circo, de donde deriva su sustento y el de su familia.

Otras enfermedades extrañas El SÍndrome de Proteus
Identificado a finales de los 70s por Michael Cohen, el Síndrome de Proteus, de causa desconocida, es una anomalía congénita extremadamente rara, con solo un puñado de casos documentados en todo el mundo.
De condición progresiva, es decir el aspecto de la persona afectada empeora con el tiempo, el S.P. causa un sobrecrecimiento masivo de piel, músculos, huesos y tejidos grasos -generalmente en la cabeza y las extremidades-. Si bien la esperanza de vida en los individuos que sufren esta condición no es muy prolongada, debido a que también se altera el crecimiento de vasos sanguíneos, algunos llegan a edad adulta.
Ictiosis de tipo Arlequín
La Ictiosis es una enfermedad que afecta a varias personas, y generalmente, en sus variantes más comunes, no trae grandes complicaciones. A grandes rasgos es una mutación genética que produce una enfermedad cutánea por la cual la piel del paciente se vuelve extremadamente seca y escamosa -de aquí el nombre, “Ichthy” que significa “pez” en griego-. De carácter congénito la Ictiosis de tipo arlequín es la más severa de todas, llevando a un “engrosamiento” de la piel -Hiperqueratosis-.
Como resultado, la piel se resquebraja y se forman grandes escamas ovaladas de color rojo, limitando en gran medida el movimiento del infante -Aunque dado el caso extraordinario de nacer con vida, el recién nacido solo permanece vivo por unos días, principalmente a causa del resquebrajamiento producido en la piel, el cual lleva a que esta sufra de severas infecciones bacterianas-
CIPA
Muchas personas considerarían la incapacidad de sentir dolor como algo envidiable. Sin embargo, todo en nuestro organismo tiene un fin específico, y curiosamente es el dolor, el que posee uno de los más importantes. El dolor es, literalmente, la barrera que nos impide realizar actividades que lastimen nuestro cuerpo. Muchos creerán que es algo intuitivo, sin embargo, el dolor sirve para alertarnos cuando el daño causado a nuestro cuerpo no es intuitivo o visible -como agarrar una bandeja caliente, o sentarnos sobre un objeto filoso-.
Si hay alguien que sabe esta problemática son los padres de criaturas con insensibilidad congénita al dolor con anhidrosis -CIPA- un extremadamente raro desorden genético que altera el sistema nervioso inhibiendo la sensibilidad al dolor, frío y calor. Esto es causado ya que dicha mutación genética evita la formación de células nerviosas, impidiendo de esta manera que las señales de dolor, frío o calor, lleguen al cerebro.
La enfermedad es extremadamente rara, solo 63 casos han sido documentados en los Estados Unidos y, desafortunadamente, suele ser fatal en los primeros años de vida. Al no recibir estas “alertas” un niño con CIPA puede, fácilmente, romperse el tobillo mientras se encuentra jugando y, sin precaución alguna, continuar con sus actividades como si nada pasara, astillando aun más el hueso; o morir de hipotermia al no sentir el frío y cubrirse. Un estudio realizado en todo el mundo indica que la mayoría de pacientes con CIPA no superan los 3 años de vida. |